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Los de colorado son los nuestros, pero no todos

Imaginamos que no es necesario recordar quién, ni cómo, ni el motivo siquiera de aquella escena en la que se pronunció la consabida frase. Además, sobre don Carlos Salvador Bilardo ya escribimos una serie de dos entregas en esta misma bitácora. Sea como fuere, mientras atendían aquel tipo del Deportivo, el narigón dejaba dos sentencias que han sobrevivido más de dos décadas. Una de ellas, la de que al enemigo hay que pisarlo, que, si por nosotros fuese, estaría escrita en alguna pared del estadio. A la vera del mosaico, por ejemplo. La otra, en cambio, admite más matices. Incluso modificaciones. Por eso nos atrevemos a puntualizar a Bilardo: los de colorado son los nuestros, sí, pero no todos. Casos prácticos. El personal que se rompía las manos a aplaudir a un negro obeso que ha sido, de largo, el peor profesional que ha pasado por esta plantilla en la última década. Y no es un galardón para el que no haya habido candidatos cualificados, precisamente. O los aficionados que pitaban, allá por 2007, cuando Biris Norte insultaba al otro equipo de la ciudad. Qué más, a ver. Los del runrún con Negredo, o con Luis Fabiano. Está claro que esa gente lleva en el pecho el mismo escudo que tú y que, en episodios de fuerza mayor (celebración de un título, de un partido importante, de un gol), no hay miramientos y todos nos equiparamos. Pero, en el día a día, en las conversaciones en la calle, a veces uno tiene la sensación de que fulanito es de mi equipo, sí, pero como si no lo fuera. Hace tiempo que aprendimos que si un ser humano es sevillista no tiene que caernos bien por obligación. También tenemos nuestros tontos. Pues lo mismo ocurre con los futbolistas. Uno va al estadio para ver a su equipo, pero eso no significa que me apasionen los once que lo integran ese día. Si marca un gol lo celebraré, por supuesto, pero eso no significa que me haga gracia que en él continúe jugando, por llamarlo de algún modo, un sinvergüenza como Perotti.  Sigue leyendo

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Pero no podrás engañar a todos todo el tiempo

Para empezar, hablemos de fútbol. El Sevilla ha sido superior a su rival en la primera mitad. Ya saben, ese conjunto con una afición más pendiente del resultado del Madrid y del Barcelona que del equipo de su ciudad. Sí, ese extraño lugar con una obsesión enfermiza, en todos los ámbitos, hacía cualquier cosa que huela a la capital de Andalucía. ¿Situados? Pues eso. Se ha empezado siendo muy superior. Tanto, que a los tres minutos Negredo perdona con la diestra a puerta vacía. Y se presiona, y se combina, y se crea peligro constantemente. Muy buenos minutos, y no son los primeros, de Kondogbia. Salvo algunos lunares negros en el plantel, actuación más que correcta en general. Casi lo mejor que hemos visto en casa esta temporada. Pero el tiempo pasaba y el dominio no se traducía en goles. En el fútbol las cosas no se merecen, o se hacen o no se hacen. Y el Sevilla no las ha hecho. Así que el buen juego no fue suficiente para que el marcador al descanso difiriera del inicial. Sigue leyendo

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Dos córners, un penalti y mucho aburrimiento

En realidad, la crónica podría empezar y terminar con el titular. Si acaso cabría comentar que ha marcado también el rival, el Espanyol, y un par de detalles nimios más. Pero bueno, como consideramos que está feo que la gente realice el titánico esfuerzo que supone pinchar en un enlace de cualquier agujero cibérnetico en los que los escritos de esta casa son publicitados y se encuentre con el parco botín de siete palabras, vamos a extendernos un poco más. Todo sea por ellos. ¿Qué más van a hacer esas almas cándidas, ávidas de lectura sevillista? ¿Leer la sección de blogs de orgullodenervion.com? No somos tan crueles. Sigue leyendo

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La semiótica de la revolución

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Las únicas tres especies animales verdaderamente útiles para el ser humano son el perro, el toro de lidia y los gallos de pelea. El resto de criaturas que pueblan la Tierra no son más que un compendio de deformidades y errores de la naturaleza que no sirven para otra cosa más que el exterminio en aras de la alimentación humana y el holocausto sistemático del resto por simple sentido común. Entre las cimas del reino animal hay clases, como en todo. No es lo mismo la dehesa andaluza y extremeña que los chistes que se crían en Salamanca; ni podemos poner a la misma altura un perro de caza o de presa que una mierdecilla tipo “yorkshire”, más cerca de la rata que del lobo. Sin embargo, el factor que hace que el perro, en ocasiones, merezca el genocidio, no es ninguna de sus razas ni variantes, sino los dueños de los pobres bichos. No hay ser humano sobre la Tierra más insoportable y gilipollas que el amo de un perro. Dan el coñazo con fotos, cuentan anécdotas sobre el animalito que no interesan a nadie, los infantilizan y antropomorfizan con argumentos tan peregrinos como que tienen mirada de persona. Trotsky, enemigo de la clase trabajadora y traidor a la revolución, quería mucho a su perro, rasgo enfermizo a que dio fin con su ejemplar hazaña don Ramón Mercader, lo que le valió para sumarse a la plétora de grandes criminales catalanes que ha dado la historia, como Mateo Morral, Francisco Ferrer i Guardia o Sergio Busquets. A Hitler le ponía más su perra que las nalgas de Eva Braun. Por si no bastaran estos ejemplos, hace unos días vi un documental en televisión en el que aparecía una pobre deficiente mental cuyo perro, según ella, tenía una especie de sensibilidad artística porque colocaba los aproximadamente trescientos peluches que poseía en posturas que querían significar algo. En efecto, decía la buena señora que el perro a veces los colocaba en fila con las manos de cada muñeco interconectadas entre sí. Ilustrándolo con fotografías sobre las que no se preguntaban si podían estar manipuladas, los realizadores del programa, llevando a cabo su triste deber de engordar los índices de incultura y nulo pensamiento crítico de la inmensa mayoría de la población, no enfocaban el suceso como una consecuencia más de esta sociedad consumista, individualista e insolidaria en que vivimos, en la que un cuadrúpedo de mierda recibe más atenciones y cuidados que el 95% de la raza humana; muy al contrario, daban pábulo a las ridículas teorías de la oligofrénica esta. Sigue leyendo

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El corazón sigue estando en el norte

La vida está hecha de momentos. En ocasiones, ya sea en el lugar de trabajo, en la cola del cuarto de baño de un lupanar o en espera para comprar un litro en el chino, esos momentos los ocupas con gente que no te produce ni el más mínimo interés. Y eso lleva, obligatoria e irremediablemente, a conversaciones banales. Construidas con tópicos que se dicen para salir del paso. No sólo ocurre con tipos desconocidos, también existen conversaciones que no quieres mantener con ciertas personas, aunque les profeses alguna clase de estima o simpatía. Es el caso del fútbol. Gente que no se entera de la realidad o que, valga la redundancia, se informa por la prensa madrileña o catalana. Y tú, en un alarde de protocolo y saber estar, sueltas alguna frase manida, miras para otro lado o intentas, directamente, desviar el tema. Hablando del tiempo, por ejemplo, como si tuvieras ochenta años. Si los integrantes del coloquio poseen pene entre las piernas, es muy socorrido alabar las virtudes de una fémina que ha tenido a bien pasar por delante. Pero si nada ni nadie puede salvarte y te ves obligado a comerte la conversación, es probable que escuches frases sobre equipos de mierda y, cuando se refieran al tuyo, te puedes encontrar con cosas como “el Sevilla tiene una afición muy buena”. Ahí ya buscas el vaso, la tía, que alguno se atragante y llame a un médico, porque todos te miran y piensas que coger e irte por las buenas, en algunas culturas occidentales, está demasiado mal visto. Cosas del contrato social. Porque los múltiples matices que tiene el tema de la afición lo convierten en algo muy jodido de explicar, seas sevillista o del Maccabi Tel Aviv. Desconozco si la del Sevilla es buena o mala, pero lo que sí tiene este club es un grupo de animación excelente, que difícilmente encuentra competencia en el panorama nacional. Quien ha viajado un poco lo sabe. Y, desde luego, está muy por encima del nivel que ofrece la plantilla. Ahora, con la temporada en casa finalizada, no viene mal realizar un repaso de lo acontecido en las gradas del Ramón Sánchez-Pizjuán.

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