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La fábrica de humo

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Partamos de la base de que esto de internet es una mierda. No es sano que personas más dotadas para cargar en el muelle, pedir trabajo en el muelle, o si son proclives al vicio nefando, poner el culo en el muelle, tengan una tribuna desde la que despotricar sobre lo que les venga en gana. Te encuentras con opiniones de personas que pontifican sobre fútbol, política, cine, literatura o historia que nunca, jamás, han tenido el más mínimo conocimiento sobre estas áreas. “Es que todas las opiniones son respetables”, dicen, los muchachos. Y un carajo. Si a mí el hijo del estanquero, betiquito él, me dice que su equipo es el mejor del mundo, como mucho le sonrío, si tengo el día bueno, y a otra cosa. Tiene su opinión, el zagal; mas no por ello voy a respetarla ni, mucho menos, tenerla en cuenta. O aquí tienen este blog, llevado por dipsómanos y crápulas de toda laya. Sin embargo, siempre se puede descubrir una amapola, flor favorita de don José María Gutiérrez Hernández, en un vertedero. Había yo visto hace unos días la extraordinaria obra maestra “Capitanes intrépidos”, peliculón de tres mil pares de cojones y, al finalizar, me dio por buscar cosillas en la red sobre el particular. Me metí en “Filmaffinity”, verdadera cochinera, perfecto ejemplo de lo que detallábamos más arriba sobre por qué personas sin ni puta idea de nada se creen con derecho a criticar algo que no entienden más que la paradoja de De Moivre. Pero hete aquí que surgió el diamante entre la hulla, la amapola ibicenca que con ahínco busca GutiHAZ en una noche de san Juan. Un nota decía, entre otras mamarrachadas nostálgicas y sensibleras, que era de una generación en la que todos sus componentes, de los 5 a los 12 años más o menos, iban con las rodillas desolladas y llenas de mercromina. Me dije, recristo, cierto es. ¿Desde cuándo no veo yo a un chavalito con un chichón en la frente, con alguna herida en la cara, con las rodillas o los codos llenas de costras? Ni los voy a volver a ver. Ahora los columpios no son metálicos, el suelo está acolchado, si un niño pide una Barbie se le compra sin problemas en lugar de llevarse un mordisco en el cuello y el escarnio de toda la clase. Están amariconando a las nuevas generaciones. Así nos va, cada día más alérgicos, más lectores de Jorge Bucay y, como consecuencia, menos espermatozoides dignos de tal nombre en los cojones.    Sigue leyendo

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