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El gen ganador

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Prijepolje es un pueblo situado al sur de Serbia, muy cerca de las fronteras con Bosnia y Montenegro, con una población de unos 13.000 habitantes. No sé si alguna vez han llegado, en mitad de la noche, cargados de macutos, a un pueblo centroeuropeo de estas características. Yo, sí. Siempre hace frío, siempre llegas cagándote en el puto viento que te corta la cara, siempre está roto el pavimento, siempre hay cristales en el suelo de los aparcamientos y, cuando llegas a la zona en que se sitúa tu alojamiento, que suele ser una VPO de tiempos del Pacto de Varsovia (pásmense, el Bundesbank no construyó ni una vivienda subvencionada en estos enclaves a los que libró del yugo marxista), siempre hay un grupo de tres o cuatro maromos bebiendo en la calle, que te miran raro mientras tú rezas “San Nicolás bendito, que me confundan con un paisano pero que no se les ocurra preguntarme la hora”. En suma, es como llegar a Sevilla Este. Al día siguiente, paseando por el lugar, te preguntas “¿qué cojones se me ha perdido a mí aquí? ¿Tan malo he sido, Dios mío?” Porque Europa es eso. Un montón de pueblos asquerosos que no tienen nada que ofrecer. Por cada Budapest hay diecisiete mil Prijepoljes. No salgan nunca de la patria, por más que les acosen para hacerlo. Si Badolatosa les parece la mierda, no quieran saber nunca qué les aguarda en Prijepolje. Ambos municipios tienen el inconveniente del idioma, pero uno cae a cien kilómetros de la Alfalfa, y el otro, a la misma distancia de Kosovo.  Sigue leyendo

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“Tú no eres de Triana”

Corría la noche del 19 de noviembre de 2005.  Se acordarán, que la batallita es de anteayer, como aquel que dice. Ya habíamos empezado a ser los mejores, pero aún apenas si lo sabíamos. Esa noche facilitó el proceso de concienciación. En honor al rigor, ya habían transcurrido más de treinta minutos del 20 de noviembre, fecha, sin duda, de grandes frases, cuando acaecieron estos sucesos. El equipo perdedor se disponía a abandonar el Ramón Sánchez-Pizjuán, apesadumbrado a la par que enervado por lo ocurrido en el césped con anterioridad. Era la confirmación de su escasa calidad, y eso que aquel era de los mejores planteles que han visto en su historia, lo que no deja de ser algo tristísimo. Por si la derrota no fuese poco castigo, de algún lugar indeterminado de la zona mixta irrumpe una voz, portentosa como sólo una mujer de mediana edad que acostumbra a ir al fútbol en esta ciudad tiene, para entonar unas palabras certeras como el láser que opera la miopía. Se rompió la noche, se colmó el vaso de la paciencia del que la oyó. “Tú no eres de Triana, tú lo que eres es un hijo de puta”. Ahí lo tienen, susurros celestiales. Primero, por tener el don de la oportunidad extrema. No existirá mejor momento en el devenir de los tiempos para declamar esa oración. Segundo, por defender el honor de un barrio entero, porque si analizamos esas escasas  quince palabras, se deduce que es imposible que un trianero sea hijo de una cortesana. Además, bien hizo en defender a su barrio en público, que suficiente penitencia lleva con albergar calles como “Trabajo”, “Constancia” o “Lealtad”, cualidades, todas, execrables del ser humano. En tercer y último lugar, aquella buena mujer supo erigirse como portavoz de todo el sevillismo, que, si bien aquella noche portaba una sonrisa hasta la nuca, torcía el gesto si aparecía en algún lugar la figura del destinatario de la frase anteriormente referida por lo ocurrido dos horas antes. Daniel Martín Alexandre, nombre de cantante para quinceañeras, segundo apellido casi de poeta sevillano. Resultado, niñato de mierda. Caprichos de la genealogía. Sigue leyendo

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